videos gays

El luchador

Parecía salido de uno de mis videos gays, pero era real. Cuando descubrí que no eran falsas las fotos que me pasó por el mensajero en el cual chateábamos, me emocioné.

No nos juntamos para tener sexo, sino para charlar… nos habíamos hecho buenos amigos. Si bien yo quería que protagonizáramos unos cuantos videos gays juntos, no me quedaban claras sus intenciones para conmigo, por lo que sólo logré invitarlo a tomar unas cervezas en mi casa.

Medía casi dos metros y su musculatura era prominente, puesto que se dedicaba a realizar espectáculos de lucha libre para niños y jóvenes.

Después de tomarnos más de un par de cervezas, nos acercamos a la computadora, y entre página y página, llegamos a una llena de videos gays. Estaba claro que a ambos nos gustaban los hombres, de hecho los dos nos habíamos contado nuestras fantasías y nuestras aventuras, pero siempre a través del chat.

Él eligió uno de los videos gays que se promocionaban como los más vistos y nos pusimos a verlo. La calentura del ambiente aumentaba proporcionalmente a los gemidos de los actores porno que la protagonizaban. Le pedí que la detuviera, porque no iba a poder resistir la tentación de manotearle el bulto.

Me preguntó si estaba seguro de que no quería hacerlo. Le respondí parándome y sentándome en su falda, mirándolo cara a cara, bien cerca: ¿tú que crees?

Él me levantó y me llevó sobre la mesa, mientras los videos gays seguían ambientando la habitación con sus gemidos. Casi sin sacarnos la ropa nos penetramos durante una hora, al ritmo de las imágenes que veíamos en el ordenador.

Él se tuvo que ir rápidamente, pero se comprometió a visitarme mañana por la noche.